La cadena de suministro de alimentos frescos es una carrera contra el tiempo: el ciclo de vida de los productos es muy corto y el trayecto desde la producción hasta el consumidor final suele estar lleno de obstáculos.

Los productos frescos son perecederos y frágiles. Los productos de origen animal requieren una disciplina estricta en la cadena de frío; las frutas y verduras maduras necesitan un manejo cuidadoso. La calidad debe preservarse en cada paso, desde el envasado hasta el transporte y el almacenamiento.
Cada uno de estos desafíos se ve amplificado por un flujo de información deficiente. Cuando los datos sobre pedidos, disponibilidad y calidad circulan de forma fluida entre los socios, la cadena absorbe los impactos en lugar de transmitirlos.